El plan perfecto para el viernes, después de una semana dura de trabajo es armonizar arte con vino y queso. Dos de ellas son mis cosas favoritas, quesos y vinos, muchos lo llaman el postre de Baco. Pero también es uno de los grandes mitos del vino y entre las cosas más difíciles en llevar a cabo. La mayoría de la gente piensa que el vino tinto es la mejor pareja para el queso, pero a continuación veremos que esto no siempre es verdad. Existen reglas que se deben respetar, pero también hay otras tantas opciones como gustos o colores en la naturaleza, es decir, un número infinito. Atreverse a ser diferente y a vivir una experiencia especial, saliendo de la zona de confort, es una de las cosas que mayor satisfacción causan la mayoría de las veces.

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La razón de esta dificultad es que el queso, es un alimento muy complejo. André Simón, celebre periodista francés decía: “El queso, es leche que se ha vuelto adulta.” Todos sabemos muy bien que el queso tiene mucha grasa, sal y en algunos casos tienen en su pasta cultivos de Penicilium añadidos. La gracia es encontrar un vino que pueda realzar las características del queso. Lo que tenia ganas era probar quesos de la zona del Bages con los vinos de la pequeña bodega Entrebosc. Un proyecto con alma, amparado bajo la dominación de origen Pla de Bages en un entorno privilegiado. El propietario, un joven viticultor, que quiere poner en valor el gran potencial paisajístico heredado, construyendo un proyecto familiar que apuesta por la calidad.

Decide plantar viñedo y empezar el proyecto desde la nada. El ser humano es la carcoma del planeta, un mal que puede ser mortal. Plantar viñedo, es más que un gesto, es amor. Me di cuenta que su corazón no tiene talla. Con las cosas claras, desde el principio supo que para empezar algo en este mundo ha de empezar un proyecto donde debe elaborar producciones pequeñas, ser diferente, apostar por viticultura ecológica y de mínima intervención. Los dos vinos que de momento ha sacado al mercado, uno blanco y uno tinto, pensé que serian la pareja perfecta para los 5 quesos escogidos en una de mis tiendas preferidas de la ciudad condal, Vila Viniteca. Aquí el personal muy calificado y entendido en quesos, me recomendó una selección de quesos artesanos y de proximidad.

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Los quesos elegidos fueron:

  • Carrat de leche pasteurizada de cabra, de cuajada ácida, de la zona de Berguedà
  • Queso de Cabra Garrotxa suave y ligeramente ácido, madurado con moho en la corteza durante dos meses.

  • Pont de Sort, Lleida hecho de leche de Oveja, de pasta blanda, con corteza florecida.
  • Voler Volar, un queso azul (leche de cabra) suave característico por su facilidad para hacer nuevos amigos. Rico sabor moderado a intenso que gusta al público, que rechaza en primer instante los quesos azules, elaborados con penicillium roqueforti.

  • El ultimo fue otro queso azul, de Lérida, elaborado con leche de oveja, el Blau del Nét. Este queso se elabora por la quesería Camps, es una pequeña empresa artesanal de carácter familiar. Un tipo de queso que es adecuado para los que temen los quesos azules y quieran iniciarse en ellos. Impregna de olor y sabor los cinco sentidos del ser humano haciendo la vivencia, exquisita y de larga duración en el paladar.

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Para el vino blanco elaborado con la variedad autóctona Picapoll, los quesos que mejor han funcionado en este caso fueron el Carrat y también el azul Voler Volar. Dos quesos muy diferentes entre si, por textura, tipo de leche. Acompañar el vino blanco de sabor frutal, ligero, con una graduación y acidez moderadas, era importante comer estos quesos a temperatura ambiente para degustar mejor su riqueza de sabores. Los vinos blancos con crianza en diferentes tipos de roble, maridan de forma excelente con quesos de oveja o cabra. Aprendí que mientras más suave sea el vino, más respetuoso va a ser el queso. Los seis meses de crianza, con constante bâtonnage de las lías fue un saber hacer que ofreció el sabor más tradicional. Así conseguimos poder disfrutar la excelencia en el producto final. Un tándem de éxito.

Para el vino tinto pensaba que casi todos los quesos van a ser ideales, pero no. ¿Por que? Deberíamos saber que los tintos, ofrecen alianzas perfectas con quesos específicos que, por su elevado componente en sal, acentúa en la mayoría de los casos, sus taninos. El Cabernet Franc, fue criado 12 meses en barrica de roble francés y luego paso unos meses en la botella para su afinamiento. Me gusto mucho con el queso Pont de Sort, por su toque acido y aroma suave, de textura cremosa y elástica. Fue agradable el contraste entre la textura de la corteza y la cremosidad de la pasta, con las notas del vino, ligeramente florales, notas de almendra y con un final levemente picante. Me pareció tener delante una auténtica joya enológica. Supe desde el primer momento que el Cabernet Franc es ideal para acompañar el queso azul Blau de Net, con varios World Cheese Awards. Los taninos del vino resultaban suaves, bien equilibrados, un vino de baja acidez, con estructura, era un vino que te pedía beber. El queso tenia un sabor salado, ácido y bastante fuerte, que, con cada bocado, potenciaba más el sabor del vino.

Productos Entrebosc

Hay que perder el miedo a utilizar este producto en el día a día. Sus posibilidades son cada vez mayores, Cataluña posee unas queserías extraordinarias, diría incluso que falta un poco de cultura de consumo. Pero recomiendo atreverse, equivocarse, enamorarse porque la autenticidad que hay en los vinos de la Entrebosc es única. Pequeñas grandes cosas, hacen que ame los viernes, me encantan ¡son el mejor día de la semana!

Zoltan Nagy